domingo, 22 de agosto de 2010

Estrellita

Ese día ya sentia que iba a ser diferente. Primero un sueño del que solo recuerdo imágenes poco nítidas. Después
unos buenos días perfectos, con palabras mágicas: "buenos días princesita". Un día de playa espectacular, jugando
con las olas, la arena y el sol. Y por la noche, esos besos que tanto me gustaban.
Caricias cálidas. Besos húmedos. Temperatura al límite.

Un manto de estrellas nos vigilaban y hacian de nosotros insignificantes personajillos de carne y hueso.
El leve viento de levante no ayudaba con mi idea de mantener los pies en la tierra y conmigo el control, ya que
mecía mi vestido, mi pelo y mis ganas hacia él, dejándole ver un poco más de lo que ya había visto en la inocente
playa de día.

Más besos y caricias. Y zás! miro al cielo, y las llemas de mis dedos rozan una estrella fugaz, como aquella primera
mirada. La aprieto contra mi mano, y siento placer, por hacer algo que nadie había echo hasta ahora.
Abro lentamente mi mano para comtemplar mejor aquella estrellita estúpida que se había dejado atrapar.
Y allí estaba, en mi mano, acogedora, calentita, y rojiza. Y el placer vuelve a apoderarse de mi,
esta vez de un modo diferente al de antes, recorriendo cada rincón, cada curva, cada célula de mi cuerpo, y
estalla haciendo estremecerme con tanta fuerza que la estrella se me escapa y vuelve a donde le pertenece,
y mi mano al lugar de donde vino tanta explosión de felicidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario